jueves, 6 de octubre de 2016

Días pasados

Y después de todo no se trata más que de eso:
días pasados.


Aferrarse a ellos no es bueno, porque simplemente
es un esfuerzo desperdiciado. 
¡Nada va a volver! y aconsejan los sabios: tampoco tú vuelvas, 
no vuelvas a donde fuiste feliz, y agrego, 
a donde fuiste infeliz mucho menos... 

¿A dónde vamos con la mirada tan enterrada en el suelo?

Cuando pienso en algunas mujeres -ahora que me sobra el tiempo por las noches-
me sudan las manos...
hay un par de las que no recuerdo su nombre -si es que alguna vez lo supe-,
que de recordarlo lo pronunciaría en honor a su destreza para moler mis huesos con sus caderas.

¡Tú!... ¡tú!... ¡tú! 

El buen sexo, considero, debe parecerse a la muerte,
y no es que haya muerto muchas veces y nunca haya tenido buen sexo, sino lo contrario;
quedas hecho polvo, en lo que dicen después de una vida nos convertiremos,
además que todo el aire del mundo no parece suficiente, 
como si los pulmones quisieran carne y no oxigeno.

Hay veces que me siento tan apartado de la realidad que ver mis calcetas cubriendo mis pies mientras hago el amor
es lo que me hace realmente saber que estoy vivo -pienso-
y afortunadamente tan imperfecto como siempre lo he sido.


(Los poetas parece que nacemos para nada,

para perder constantemente como la única forma de poder ganar "algo").

Pasado de días sumados y restados,
presente anti aritmético.
He vivido más en otro tiempo

del que vivo en el ahora.

¿Qué si quiero desperdiciar mi tiempo?
¿A quién pertenece la muerte que se llora tanto, al que vive, o al que muere?