jueves, 15 de septiembre de 2016

Ella era como el fuego

Ella era como el fuego,
pero no exactamente como el fuego,
sino algo más,
ella era como esa ceniza que nunca se apaga...

Ella era permanente.
Llegó para quedarse.
No hizo ningún ruido,
y se adentro entre la selva de mi saliva, 
como se adentran los soldados en las filas enemigas.
Estaba lista para aniquilarme.

Desconozco a ciencia cierta
desde cuando fraguó este plan,
debe tener unos 15 o 20 años
pero lo cierto es que me ha dejado en jaque.

¡Esperanzado a las reglas, al juego limpio! -como buen perdedor-. 
¡Esperanzado a que te canten una jugada prohibida para creer en verdad que no soy tan ingenuo!

¡Mate!

Ella era como el fuego,
y yo la hierba seca que entre caricias se hacía humo.
Leía su nombre en las llamas, y lo gritaba entre crujidos.

Ella era como el fuego,
y yo la hierba alimentada por el viento.
Ella era como el fuego,
pero un día, como el fuego,

se apago...