lunes, 25 de abril de 2016

Lluvia

Tu llegada ha sido más anunciada que las lluvias de mayo
en pleno febrero, 
e impaciente como suelen ser los que aman
me devoro los segundos que se interponen entre nuestras miradas,
entonces pienso en el paisaje sinuoso que ofrece tu cuerpo,
en el atardecer complacido que es para mí tu cuello.


Pienso en si te merezco,
en si debo conocerte y así empezar a estropear lo nuestro,
en si debo alejarme del principio para postergar el fin,
aunque confieso, contigo quiero muchos finales.

¿Sabes que sos una diosa?
Porque sólo vos podes aliviar mis más grandes necesidades,
mi necesidad de amor se ha vuelto una necesidad de ti,
de tus alas, de tu espacio,
del placer que has venido robando con el tiempo a los años.

Te he construido un altar en mi cuerpo
donde te celebro, donde te guardo,
y prendo cirios por cada una de las noches que vienen
en las que estaremos abrazados,
en las que lo único que importa en el mundo es tu silencio vertido sobre mis brazos que dice todo lo que sólo he de entender yo y nadie más.

Confieso que desde que te espero me he vuelto todo lo que pasa, y vos en la absoluta razón por la que pasa algo. 

Ya abril termina y pronto llegará mayo,
y yo camino de lado a lado
tratando de engañar la incertidumbre que da lo cierto,
y me despido del espacio inerte de mi lado izquierdo,
disfruto los últimos segundos del silencio que aún reina sin tu estruendoso cielo...
porque en efecto, las lluvias me han mojado. 


domingo, 17 de abril de 2016

Día

En la oscuridad que anuncia la mañana
se escucha un grito
tan agudo que quiebra el alma.
Él anuncia su llegada entre la bruma que nace en el ojo
de aquel que nunca descansa,
se erige recto ante la noche que atiza la nostalgia
de alguien que se fue sin decir nada.
Lo cubre todo con ese sonido estruendoso que sólo el silencio lo compara.
Camina entre calles, veredas y barrancas,
descalzo, porque entonces toda la tierra calza.
Es entonces cuando todo se vuelve día y nuestra esperanza lanza mil alabanzas...

¿Hay manera de convencernos todos los días de que realmente estamos vivos?

Cíclico


Me muero por estar entre tus piernas,
entre tus pensamientos,
entre la bola de humo en que a veces nos convertimos.

Volemos juntos a cualquier sitio, sin mirar.

Tengo sed de que me digas mil veces adiós adiós y saber que mil veces volverás, 
quiero que nos condensemos como la lluvia,
y caigamos juntos para inundarlo todo,
para hacer charcos de ti y de mí por donde quiera,
y saber que, de nuevo, volveremos a encontrarnos en el mar.

Sin pensar

¿Y si pudiera yo andar sin pensar?
Sin analizar todo aquello que me pasa,
Sin echar a andar este cerebro podrido.

Me he dado cuenta que estoy preso en esta jaula
y rayo las paredes con todas las mujeres a las que he perdido,
y veo aún suficiente espacio para las que vendrán.

Me hago promesas que no llegan más allá de lo que se consume mi siguiente cigarrillo.
Ah, si simplemente pudiera saltar sobre ti y acallar todo lo que en mis oídos es como un zumbido.
Tú eres mi verdadero silencio, la única que no descansa sobre las paredes de mi mente como un desfile de cerillos.

Tú eres quien envuelve todas mis preocupaciones en un etéreo abismo de intrascendencia.

¿Dónde estás? Que ahora sólo quiero caer tan rápido en ti de modo que el vértigo me consuma las entrañas,
tomar por el culo a mi esperanza hasta que me diga que es la única a la que he perdido, y no todo lo demás.

Mi Playa

Me he embarrado un poco de tiempo entre las manos para acariciarte,
para despojarte de tu ropa, más lento de todo lo que me es posible.

Te he escudriñado poro a poro.
Quiero conocer todo de ti,
caminarte por completo,
desde el borde de tus ojos marrones, 
hasta el de tus pezones.
Encerrarte en mis pensamientos sin derecho a pausas.
Tirarte por el acantilado de mis ganas, 
para que caigas directo sobre mi desnudez.

Eres como una playa en la que me siento a ver las olas del mar romper, 
mientras el sol baja de a poco, 
y la arena suspira de un eterno abandono.
Una playa donde el viento acaricia las palmas,
y las palmas de mis manos se recuestan sobre tu pecho,
una playa de amantes,
que nadie más mira que yo.