domingo, 6 de marzo de 2016

Los universos en que no te tengo

Te creí tan mía que ahora me falta parte del pecho.
Confié tanto en tener derecho que olvidé que existe el izquierdo.
Convertí lo nuestro en una cofradía en la cual las reglas no fueron compartidas,
razón por la que ahora te comparto en mis sabanas frías,
en este mundo de despojos voluntarios,
de pájaros en jaulas,
de cantos de prisión convertidos en alegres ironías,
de libertades entre comillas.

A veces, sinónimo de siempre, te busco a la vuelta  de cada esquina, y me engaño llamándote por tantos nombres, y acariciándote en tantos cuerpos que solo desdibujan mis labios como el premio de consolación al esfuerzo que no conoce la victoria, esfuerzo huérfano de nacimiento,
carente de vestiduras y rico en inútiles añadiduras, residuo de un amor. Un recuerdo.

Fácil resulta todo cuando puede escribirse y difícil cuando debe decirse, cuando cada acción se convierte en un tabique que pegas con cada una de tus palabras, y vas de a paso sin darte cuenta construyendo tu cárcel, la cual inauguras con tu cadena perpetua, y no te queda más que declararte culpable, porque no hay abogado que salve la dignidad de un amor desperdiciado.

Ahora tengo sueños de vidas que siempre quise,
y derrocho cosas que nunca tuve.
Me he otorgado la jubilación emocional,
que hace que toda esta verborragia resulte en mí,
y que contradiga todo lo que digo.
Mientras soy la suma de todos lo universos en que no te tengo.