jueves, 24 de septiembre de 2015

El Cadejo

Entre la culpa y el olvido me hallo,
en la pausa del verso, en lo callado de los labios.
Sólo en lenguas desérticas se habla el lenguaje que me define,
y que a su vez define los versos que no me es posible pronunciar.

Me transformo en un fiel compañero mientras se oculta en mi la trampa de mi ser,
ladro, aúllo, lamo, y muerdo,
llamo al amo que nunca he tenido, y quizá duermo.

Nunca fallo cuando de fallar tengo ganas,
y a veces miento cuando digo la verdad.
Soy ese animal que saluda, da la pata, y obedece,
animal que has visto cuando en la noche pones tu vista atrás,
encarnado en vientres ajenos a su voluntad,
encadenado al viento que acompaña a la soledad,
transito la noche como una avenida más,
y detengo el tiempo cuando me tengo que lastimar,
desangro en el camino sin dejar una señal,
voy a tu lado aunque a mi lado tú no estás.


Soy el Cadejo,
soy poeta del verbo animal.


¿Dudas?

¿Y si todo ha de terminar mañana?
¿Y si se nos termina el tiempo, pero no las ganas?
¿Y si nuestra historia no se ha empezado siquiera a escribir,
y yo me he adelantado a nuestro coincidir? 
¿Se vaciaran de mí todas las dudas?
¿Se secará de mi cuerpo esta lluvia de amaneceres pensados a tu lado?
¿Será que tu carne y mi carne no se pudrirán hasta no hacer nuestro el pecado? 

Estos puntos suspensivos que se acumulan uno tras otro con el paso de los años,
tras cada vez que mi mente se sienta a un lado de mi a pensar en ti.
Estos pasos a medio dar,
esta sonrisa amordazando mi boca...
Y éste tonto corazón que olvida lo que digo, lo que escribo,

y empieza a latir por otra...

lunes, 21 de septiembre de 2015

Bitácora de vuelo - 20/Sep/2015

No nos enamoramos de las personas, en sí, sino de lo que idealizamos de ellas. 
No hay fallo en los demás, sino en la expectativa que creamos, y en la nula capacidad para entenderlo.
Nos preocupamos de las drogas, del alcohol, cuando nuestro verdadero problema es que no vemos la vida, no la sentimos. Solamente actuamos de acuerdo a lo que nos han enseñado como bueno o malo.
Haría falta vivir dos veces, sin considerarlo como una limitante.
Creo fervientemente que voy por la tercer o cuarta vida, y realmente aún no entiendo nada.

- El viento sopla con rumbos desconocidos, capitán, ¿qué hacemos?