sábado, 30 de mayo de 2015

Escribe

Tatúa en tu pene todas las mentiras que te han dicho de la vida
Y fornica a todas esas personas que guiándote por el buen camino únicamente se complacen viéndote fracasar.
Escribe más,
confía en tu talento,
coge un buen presentimiento 
-de esos que pasan cuando ha pasado todo, y entonces no pasa nada-
que hacen de lo evidente algo intransigente para dar paso a las verdades
innegables e incomodas, que nadie quiere escuchar. 

Patea a ese perro negro de la mala suerte,
que te muerde a cada esquina, maldito animal...
escribe más,
sino lo haces en verdad puede irte mal.
Prepárate, porque tu corazón será el balón con el que se juega este juego,
y que vos sabes que tenes que ganar cueste lo que cueste.
Escribe más,
dale duro como los grandes,
bebe tanto como Bukowsky,
conquista a más mujeres que Sabines,
sé un verdadero desgraciado como Hemingway,
y como el Gabo haz del olvido tu mejor amigo para contarte todo lo que nadie recuerda ya.

Te dirán que no sabes de métrica,
que pierdes ritmo,
que tus ideas están dispersas
y sobre todo carecen de sentido común,
quiere decir que vas bien porque no se trata de ser común.
Escribe más, dale duro,
sangra tus puños contra esas metáforas absurdas de los enamorados,
pégale duro que todo rima cuando lo haces como el peor de los desgraciados.

Escribe más,
Muerde el desvelo como el pan de musa que es,
charla con dios, con algún dios, que un escritor siempre tiene verdades que decirle.

Escribe más,
y nunca olvides la cara del enemigo porque de ese color será tu victoria.
La vida del escritor no es fácil si vives creyendo que eres un gusano, un capullo, y algún día serás una tierna mariposa.

¿Estás listo para estar en el suelo mil veces sin dejar de respirar,
levantarte, y caminar?
Arráncate las tripas, escribe,
dale alcohol para el fuego a ese dragón rojo que guardas en el pecho
Vuélvete un huracán,

con la serenidad que este lleva por dentro. 

lunes, 18 de mayo de 2015

Huelga de ella

La mañana fue anunciada por mi huelga de ella,
desvestido entre mis ganas y su ausencia.
Plenamente atravesado.
Reclamando uno de sus besos como indemnización. 

Pienso que debí haber recorrido París demasiado, tanto para cansarme de ella o casarme con ella,
y colgar tantos candados para mandar todos los puentes al fondo del Sena.
Pero no lo hice.

Su sonrisa de reptil,
permanente,
ahora se escurre entre las caras largas de mis días,
y me indica que solo sé mal gastar el tiempo,
que mi vida se ha vuelto una vitrina.

Realizo que soy más recuerdo que persona,
y en ocasiones ni tanto.
Camino en círculos por estas avenidas tan transitadas de la Ciudad de México
donde me entrego pocas veces, y me entretengo unas tantas menos,
y por si fuera poco: demasiado rápido.

Soy muy cuadrado para crecer con la idea de que la tierra realmente no es plana
y que en este preciso instante no he caído por uno de sus bordes
que cada instante me aleja más de ella.

Soy el fotógrafo que nos ha fotografiado
y que ahora ha perdido la maldita cámara.