lunes, 13 de octubre de 2014

Amnesia

Un día por la mañana te despiertas y no reconoces el techo que te cubre, 
la cama que te sostiene tiene un olor distinto, 
tus manos son tan pesadas que apenas te puedes palpar la cara.
Te levantas aturdido, 
te ves al espejo, 
tus ojos son un cementerio de promesas incumplidas...
y te quedas viendo... ¿será ese un buen momento para preguntar tu nombre?

Un buen trago

Para beber sólo se necesita una boca
y un buen trago,
cuando eso sucede todo en verdad pertenece al pasado,
el presente es un tigre manso,
y el futuro no es mas que la distancia entre la copa y tus labios.
Las mujeres son todas bellas
y el amor es un concepto que no dura más allá del siguiente orgasmo.
En el filo del vaso mueren las penas
y se hacen pedazos las venas,
por las que corren las ingratas condenas
que te ajustan a un culo y un par de tetas.
Es entonces cuando la magia se hace verdadera,
hablas de trucos para componer el mundo, y política internacional, entre otras cosas,
hablas de alguna mujer de la cual sólo recuerdas el nombre...
como si fuera todas las mujeres juntas.

Amarte a la distancia

Amarte a la distancia,
como si el hambre se quitara leyendo recetas de cocina...
Y así he leído más de una vez cada una de tus cartas,
por lo general las segundas veces las leo después de no encontrarte
en lo que otros cuerpos vuelven mi rutina.

¿Qué decirte en mis respuestas?:

amarte se ha vuelto complicado desde hace un tiempo, desde que partiste.
El consuelo de tu ausencia no puede crecer entre mis manos,
ni a una distancia mayor a cero de otra piel desnuda,
me acarician las dudas,
me desvela el recuerdo de ese beso de despedida
con sabor a terceros.

Has de saber que mis erecciones matutinas fornican -entre otras cosas- a la moral vigente cada día, 
para llegar a la conclusión de que
el amor y la culpa son tan parecidos después de un par de horas
y unas cuantas posiciones,
el corazón me late igual,
y tampoco dejo de pensar en ti.


Pero en todo momento pienso en ti,
como pienso en que tengo que ir a trabajar, o comer,
y bueno, volver a casa después de todo.
Cuando me detengo a pensar lo que piensas de mí,
mi mente, de la manera en que espero no lo hagas tú,
se desnuda ante cualquier soplo de mi pusilánime imaginación mostrando mi fragilidad,
mi confianza nula...
  

Ahh... si desabrochar un sostén no fuera tan fácil como escribir todas estas tonterías. 

Creo que mejor compraré una postal,
te contaré cualquier cosa intransigente,
que me han promovido,
que vi la película que nos gusta tanto -más a mí-
y te diré lo mucho que te amo,
que te cuides de otros hombres -que sean como yo-,
que espero tu regreso para poder ser tuyo -sólo tuyo-
de nuevo.


Bocanada

Benditos los años que han silenciado a besos tus labios 
para tener hoy tanto que decirme...