martes, 16 de septiembre de 2014

Ganando

Empecé a reemplazar mis grandes derrotas por pequeñas victorias
hasta fortalecer mis piernas y echarme un poco de confianza en los bolsillos.
Fue entonces cuando me aventuré hacia ti más nervioso que cuando supe que iba a conocerte por primera vez.

Aquí voy con las venas ardiendo dentro de mi cuerpo,
con ráfagas de tu ausencia fatigando mis recuerdos,
en un acto de buena fe trato de convencer a mis ojos que de nuevo sos vos la que estará frente a ellos
y no es un recuerdo, o una de esas tantas fotos tuyas de las que a diario veo.

Tu belleza dobla al tiempo,
y éste en venganza dobla a mi memoria,
con esas dosis de olvido entre cada una de sus horas...

Tengo miedo de tenerte entre mis brazos
y que no me reconozcas,
que me confundas entre la exasperante espera con un cualquiera.
Cierro los ojos, y ahora sólo quiero pensar en quedarme dormido para empezar este largo camino hacia ti,
porque, pequeña, no sabría qué hacer si al abrir de nuevo los ojos aún no estás frente a mí.

Siempre soy yo

Todo en esta vida se acaba
menos las ganas de volver a empezar...
y aquí me veo empezando de nuevo,
compadeciéndome de mí,
pues no es lo mismo verme comenzar 
que ser yo el que comienza,
el que ahora se despide:
cansado. 

Hoy soy como la piel que la serpiente ha dejado en la piedra,
y he encontrado en ella la dulzura y la pasión que no encontré en vos.
Me despido de mí dándome la estafeta,
agotado, 
entregando entre mis manos en mi último aliento las ganas que me faltaron. 

La carrera continúa
y veo que la meta está cerca,
el listón es como una bandera a la que saludo y se mueve de lado a lado...
de pronto el listón deja de moverse y distingo que de nuevo la meta sos vos,
y que estamos donde empezamos  

¡Maldita desgracia de volver siempre a ser yo!
Tan simple como siempre,
como mis escritos,
tan simple como el sabor de tus labios la última vez que te dije, te necesito...

lunes, 15 de septiembre de 2014

De escribir

Hoy voy a escribir tu nombre diez, 
cien, 
mil veces,
y por cada vez que lo escriba será en una forma irrepetible, 
e inalcanzable al tiempo.
Hoy escribiré tu nombre para no tener que nombrarte,
para des tantear a la rutina y quitarme un poco los afanes de encima.

Me sinceraré contigo diciendo nada y viéndote como he visto nunca a nada.
Te arrebataré de los labios la insana costumbre
de amar siempre a la mitad para que goces plenamente la libertad.

Esto de tenerte entre mis manos y jugar a ser inexistente, 
tan fuerte como sólo lo es eso,
hacerte como yo quiera...
y después de encender un cigarrillo
darme cuenta que no es tu cuerpo el que lentamente trepa por mi mirada para acariciar mi alma;
descubrirte por un instante en pechos desconocidos,
disfrazar voces en mis oídos...
Esto de amarte con caricias prestadas,
de inventarte entre sábanas agitando algunos gemidos,
de crear caminos sin salida para no tener opción,
de seguir creyendo que la locura no es la salvación.

Hoy escribiré tu nombre tantas veces,
y tantas veces más escribiré que mereces ser feliz,
sin mis ganas firmaré en la última línea tu libertad incondicional
para dejar caer mis ojos de tu cielo, tan mío, 
y ahora tan ajeno.

Hay noches

Hay noches como esta
que odio sin saber a quién, sin saber a qué, 
pero odio.
Hay noches como esta que me hablo y no me respondo,
que ignorando que estoy solo, exijo una respuesta
y no me respondo,
que pregunto,
que clavo mis dientes en el viento,
que con las palmas de mis manos trato de reconocer mi rostro…
y no me reconozco.
Hay noches como esta que me vuelvo un niño inconsolable,
que busco y busco, 
y no me encuentro;
me pregunto en ¿dónde estoy? 
y me ignoro, o tal vez, me digo alguna escusa o alguno que otro pretexto
¡Hay noches!
¡Ay noches!
Noches extrañas, 
noches como esta... 
en las que te extraño un poco más que las demás…